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Mi infancia y adolescencia
Nací
en Tehuacán, Puebla, el 17 de septiembre de 1963 y
desde los cinco años resido en la Ciudad de México. Soy la primogénita de 4
hijos de la familia Cid Fernández. Mi
infancia transcurrió con normalidad, fui una niña sana, alegre, con buenas
calificaciones en la escuela y ninguna preocupación que no fuera estudiar y
jugar con mis amigas.
Respecto
al fenómeno ovni, cabe destacar que ese tema no llamaba mi atención, a pesar
de que mi papá era asiduo del programa “Un mundo nos vigila”, conducido por
el pionero de la ufología mexicana, Don Pedro Ferriz. Recuerdo
bien un suceso que probablemente marcaría mi tendencia escéptica en mis años
de juventud. Era una noche en la que paseaba con mi novio, ahora mi esposo,
por la Colonia Lindavista, cuando toda la gente
empezó a mirar al cielo y a gritar despavoridos. Al
voltear la mirada vimos un “platillo volador” muy grande, girando sobre su
propio eje y en clara postura de descenso, admitiendo que pocas veces he
sentido tanto miedo como en aquella ocasión. No
logré correr porque el temor me lo impidió y sólo alcancé a hincarme para
rezar, mientras mi novio me decía que mejor nos escondiéramos en otro sitio
más seguro que no fuera la vía pública. Conforme
el “platillo” fue bajando nos pudimos dar cuenta que se trataba de un
artefacto publicitario y se leía muy bien un letrero electrónico que decía:
“La cerveza es Corona…”. No
alcanzó a descender por completo, pero sí lo suficiente para percibir que
éste pendía de un cable en un helicóptero oscuro. La reacción fue inmediata y
nos comenzamos a reír, creo que más bien era una forma de liberar toda la
adrenalina acumulada. No
recuerdo con precisión el año, pero estimo que sería entre 1978 y 1980. A
partir de entonces, no sólo no me interesaba el fenómeno ovni, sino que
sentía temor de pensar en su probable existencia, así que era más fácil
tomarlo a broma y reírme de quienes creían en eso. Retomando
el tema de mi papá, ya que él era el aficionado a los ovnis en la familia,
puedo decir que yo lo escuchaba con respeto pero me costaba trabajo creerle,
sobre todo cuando me platicó el único avistamiento que tuvo en su vida, en lo
que ahora es el Eje Central y muy cerca de la Central Camionera del Norte. Mi
padre decía que ahí había observado muchos objetos esféricos luminosos que
hacían formaciones en el cielo y que incluso los conductores detuvieron sus
autos para observar el espectáculo. A
medida que fui creciendo y me titulé como profesora discutía con él sobre el
tema de los ovnis y equivocadamente le decía que eran sugestiones colectivas
o cuestión de ignorancia… ¡qué lejos estaba de imaginar que la vida se
encargaría de demostrarme el error de mis conceptos! Mi
querido padre partió de este mundo el 17 de julio del 2002, a un mes de
cumplir de 73 años, y ahora, más que nunca, recuerdo con cariño sus palabras
y sus grandes enseñanzas.
Sr.
José Luis Cid Huerta (†) |
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