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El platillo volador de San Juan de Aragón
Colaboración de Alfonso Salazar Mendoza
Fuente: El Universal Gráfico “Tomó tierra,
durante unos minutos, un platívolo en los campos
ejidales de San Juan de Aragón”
Noticia del periódico El Universal Gráfico – Martes 7 de
enero de 1958 Reportaje de Antonio García Ruiz Transcripción textual. Mucho se ha escrito en México y en el
mundo, sobre la aparición de extraños cuerpos luminosos. Se les ha llamado platívolos y platillos voladores; pero bien poco sabemos
de ellos. Sin embargo, hay un joven mexicano, Gilberto Espinoza
García, que no solamente pudo ver de cerca de una de estas extrañas naves del
espacio, sino que, además, pudo constatar que había tomado tierra cerca de El
Peñón, en un campo labrantío de los ejidos de San Juan de Aragón. Gilberto había tenido quizás una aventura
amorosa y con una chica se había internado en una vereda que entre campos de
labranza y una corriente de aguas negras tomadas del Canal del Desagüe, parte de un camino vecinal que va hacia Texcoco. Conocedor del
lugar, siguió, con su compañera, el rumbo que descendiendo, tomaba el raro
cuerpo luminoso. Y de esta
manera, entre dos y dos y media de la mañana, del 5 de noviembre, logró ver a
la rara nave del espacio, descansando en tierra firme. Escondido
entre unos árboles, atisbó, temeroso. Su razón, dice, rechazaba lo que le decían
sus ojos. Y marcó en el árbol que le protegía de su temor, una letra P, que
era algo muy personal para él. (De pequeño le habían llamado “Perejil”).
Gilberto muestra la señal,
una letra P en el árbol Una especie
de cubo, como de cinco metros de altura, con ventanas inferiores y otras, en
una especie de plataforma de diámetro mayor, pero iluminadas todas. De unos a
manera de tubos de escape, partía una luminosidad azul, parecida al fuego de
un soplete. Trataba de
ver si tras aquellas ventanas iluminadas aparecía siquiera fuese la silueta
de alguien. De la parte
superior, donde había una cúpula, partía una especie de periscopio natural,
que de pronto tuvo en su extremo exterior una claridad rojiza y principió a
girar lentamente, describiendo un círculo. El muchacho había leído mucho de platívolos, como también había visto algo de ellos en el
cine y temió en que aquella claridad rojiza lo desintegrara. Se tiró al suelo
y se agazapó en el bordo de las aguas fangosas. Temblaba… A los quince
o veinte minutos, aquel extraño cuerpo principió a elevarse casi
verticalmente, sin que el fuego azul de lo que Gilberto pensó
que eran propulsores, aumentara en intensidad. Tampoco se
escuchó ruido alguno que denunciara el funcionamiento de algún elemento de
propulsión. Solamente dejó de girar el periscopio, llamésmole
así, de la luminosidad rojiza. Aquello a lo
que podríamos llamar platívolo, había venido
cruzando el cielo de México de Oeste a Este. Descendió en los ejidos de San
Juan de Aragón y al elevarse, navegó nuevamente hacia el Este, siendo al poco
rato sólo un puntito luminoso, que a medida que se alejaba se hacía más
pequeño, hasta perderse en los ilimitados confines del firmamento. Algunas otras apariciones de platívolos En una región
del Oeste, de los Estados Unidos, que ejerce seguramente una fuerza de
atracción magnética, han caído algunas naves del espacio. Hay un libro
escrito en idioma inglés, que habla no solamente de las características de
una de tales naves, sino hasta de lo que sobre los cadáveres de sus ocupantes
certificaron los médicos oficiales de una base naval. En una revista de la
que fue editor el ya finado periodista Gonzalo de la Parra, hube de formar
una “sinopsis” del mencionado libro, hecha por un militar, marino y geógrafo
mexicano, cuya labor profesional disfruta de prestigio internacional. Precisamente
en noches de fecha semejante al cinco de noviembre, de que nos habla
Gilberto, algunos empleados de esta casa (Cía. Periodística Nacional) habían
visto un extraño objeto luminoso, desde la Colonia Industrial Vallejo,
navegar de Oeste a Este y por el mismo rumbo también, una señorita
universitaria –química laboratorista- pudo contemplar
un espectáculo semejante. Un avión
DC-3, volando a tres mil metros de altura y en ruta San Luis Potosí a México,
encontró otro cuerpo luminoso. El capitán del avión, las aeromozas y los
pasajeros, presenciaron el extraño espectáculo. Posteriormente hablaron con
los funcionarios de Aeronáutica Civil, sobre el suceso, con lujo de detalles.
El mismo objeto luminoso que fue visto por los ocupantes del avión que venía
de San Luis Potosí, fue advertido desde la torre de control de nuestro
aeropuerto. Detalles sobre Gilberto Espinosa Nuestro entrevistado,
Gilberto Espinosa, temía hablar de lo que había visto. Aceptaba que le
tomarían por loco, por imaginativo o por influenciado de revistas de
historietas. La señorita Amparo Pola fue su fiadora
moral. -Gilberto
trabajó en nuestra librería- nos dijo. No tiene vicios. No bebe. No es sabio
pero cursó su Primaria. Es gente de fiar- agregó. Ella
estableció el contacto. Chucho
Fonseca con su cámara y este reportero fuimos con Gilberto. Encontramos en un
árbol la marca que había dejado la noche del suceso. Llegamos al terreno
donde había aterrizado el platívolo, anhelando
encontrar una huella, pero los ejidatarios habían ya removido la hierba para
sembrar alfalfa. Hablamos con
algunos ejidatarios. Todos trabajan la tierra pero no tienen casa en las
parcelas y consecuentemente no duermen ahí. Nadie más que Gilberto tuvo el
privilegio de contemplar a una nave interplanetaria, sobre tierra de México,
casi en las orillas de la gran ciudad.
Nota.- Los párrafos que
siguen ya no se pueden leer claramente, en virtud de que la copia del
periódico no está completa en su parte final, así que este escrito es un
fragmento de la noticia de 1958. En la
actualidad, San Juan de Aragón es una zona muy poblada, ubicada al noroeste
de la Ciudad de la México. El Universal Gráfico
Informa desde México: Profra. Ana Luisa Cid Fuentes: Periódico El
Universal Gráfico Alfonso Salazar
Mendoza |
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