Sobrino de ex presidente mexicano fotografió un ovni en Chihuahua, 1973

Colaboración del Ing. Héctor Pérez Rodríguez

 

Periódico “Novedades” 1973

 

 

En marzo de 2007 recibí de parte del Ing. Héctor Pérez Rodríguez diversos recortes del periódico “Novedades”, de fecha 26 de octubre de 1973. En ellos se hace referencia del avistamiento del Sr. Juan David Mateos Chanfreau, sobrino del ex-presidente mexicano (ya fallecido) Lic. Adolfo López Mateos.

 

De acuerdo a la publicación, el testigo ofreció su testimonio a los reporteros y les facilitó una copia de la fotografía que obtuvo con su cámara Polaroid, la cual capturó cuando viajaba a bordo de su automóvil por la carretera de Ciudad Camargo a Chihuahua (año 1973).

 

El Ing. Pérez, quien amablemente me dio una copia de las notas que ha guardado por más de 30 años, opina que es probable que la experiencia del Sr. Mateos Chanfreau tenga relación con el Caso Coyame toda vez que ocurrió en la misma zona geográfica y en fecha relativamente cercana al posible estrellamiento de una nave en el desierto de Chihuahua (1974).

 

 

Diario “Novedades” del 26 de octubre de 1973

 

 

 

 

 

Transcripción textual:

 

Relata un Mexicano Cómo vio y Fotografió un

Platillo Volador.

 

La existencia de platillos voladores no parece ser ya una simple invención de personas demasiado imaginativas o de mentes calenturientas.

Cuando los medios mecánicos –como el de la fotografía- entran en juego para probar su realidad, ya no queda sino una pregunta: ¿de dónde vienen?

Juan David Mateos Chanfreau, sobrino del ex presidente ya fallecido, licenciado Adolfo López Mateos, se ha interrogado en vano desde hace dos meses. Pero el hecho de su procedencia ha pasado a segundo término porque para él hay algo más contundente: sabe que existen, ha visto uno de ellos y lo ha fotografiado.

Su narración a NOVEDADES deja sentir la emotividad que le produjo el hecho y su satisfacción por la experiencia rebasa todos los límites.

Juan David viajaba hace poco más de 60 días en un Volkswagen  de Ciudad Camargo a Chihuahua. El día era un tanto pálido pero precisamente por la falta de reflejos solares, el paisaje se apreciaba, claro, tranquilo.

Sobre la carretera el auto llegaba a los 120 kilómetros por hora, cuando la radio dejaba oír algunas piezas de música moderna.

Cuando llegaba a la zona desértica situada entre Villanueva y la ciudad de Chihuahua, comenzó a oír un ruido extraño en la estación sintonizada. Como movido por un resorte elevó la vista hacia el cielo. Ahí, suspendido en el aire, un objeto permanecía estático.

Verlo y frenar, todo fue una. El estupor le invadió y hasta ahora no recuerda si apagó la radio. Pero lo que sí le queda grabado fue la rigidez que acometió a sus miembros durante varios segundos.

Sintió temor de que algo malo le sucediera, sin embargo, la curiosidad pudo más que la prudencia, y como guiado por una descarga eléctrica, su brazo se movió hacia la cajuelita del auto en donde la cámara fotográfica reposaba, ajena a su asombro.

“Antes de tomarla tuve la sensación de que alguien me lo impediría –dice-, y con sigilo me apoderé de ella.  De nuevo sentí miedo, pero pudo más la ansiedad de tener conmigo una prueba de lo que veía, y salí del carro”.

La nave, que producía una vibración muy fina, giraba reflejando sus colores naranja, morado y rojo. Y él, parapetado detrás del vehículo, se dispuso a disparar del obturador. El artefacto, que se encontraba a la derecha de la carretera, como a 60 metros de distancia y unos 20 de altura, no se movió… y la foto quedó plasmada.

Inmediatamente trató de huir. Pero algo interno le aconsejaba no moverse. Pasaron tal vez minutos, que para Juan David parecieron siglos, y de pronto la nave comenzó a moverse. Ascendiendo, se inclinó hasta quedar de perfil, vertical, y desplazarse a una velocidad fantástica.

No vio humo. Escuchó solamente una intensa vibración que le hacía más daño a medida que subía la intensidad. El metal se convertía en una multitud de dardos, que se elevaban, deslumbrándole los inmóviles ojos. Y en cuestión de segundos el platillo se perdió en la inmensidad del espacio.

La realidad volvió. Y miles de preguntas le saltaron. ¿De dónde vendrá? ¿Será terrestre o no? Pero ante la carencia de respuestas había solamente un hecho. Algo extraordinario había sucedido y él, nada menos que él, lo había presenciado y fotografiado. ¡La maravilla de tal suceso era suficiente! Lo demás ¡tal vez algún día lo sabría!

 

 

 

Otra noticia del mismo periódico

 

 

 

Agradezco al Ing. Héctor Pérez Rodríguez la gentileza de compartir estos valiosos documentos.

 

 

Atte.

Profra. Ana Luisa Cid